El Congreso y sus actos de mala fe

Por: Adriana M. Cardona L.

 Dicen los que saben que el Congreso es el máximo órgano del poder legislativo y así lo estipula la Carta Política de Colombia 1991 en su artículo 114. Le corresponde reformar la constitución, hacer las leyes y ejercer control político sobre el gobierno.

 

A través del tiempo, estos han montado muy bien su guion; hacen creer a los colombianos que sus actos son virtuosos para representar al pueblo y como los platos para paladares de mal gusto su estrategia para neutralizar al contradictor político son los números y sus peligrosas alianzas; utilizan su partido político como mantel para que los proyectos de ley interesantes se archiven. Dicen que aman los animales y redactan normas que solo en su esfera jurídica se entienden y aprueban leyes que permiten la importación, comercialización y venta de pólvora que afectan a los animales, ecosistema y al hombre. Se dice que supervisan el trabajo del gobierno, pero sus alianzas políticas los convierten en lacayos a los que les interesa más la confrontación política, la fragmentación y la negociación oscura, dando como resultado una autoridad moral muy cuestionable y que su plato favorito es la corrupción. Algunos utilizan su elocuencia y astucia, dejando en evidencia la proyección o representación de su carácter (el llamado ethos) y la manipulación de las emociones (el llamado pathos).

 

Tendremos que recurrir a “Cicerón” y llevarlos a juicio; hoy vemos cómo los colombianos son sometidos a los caprichos de un Congreso irresponsable donde algunos quieren entorpecer el nuevo gobierno, y cómo el Congreso está lleno de oposición declarada con antelación a cualquier movimiento político del nuevo gobierno no les servirá. No quieren que este país vuelva a ser una democracia con soberanía popular, libertad, el respeto a los derechos humanos, la defensa de la identidad e instituciones del país. La oposición seguidora del petrismo solo quiere seguir sometiendo al pueblo con sus caprichos y olvidándose por completo del bienestar general, símbolo de una patria sin taras. Les da miedo el orden, les da miedo que les desmonten su fallida “Paz total” y que su servicio a la patria es una mentira que no busca libertad y justicia.

 

Algunos utilizan a sus familiares ya fallecidos para seguir en su estribillo desgastante en el Congreso. Hablan de dignidad y de vida. Y como si fuera poco, algunos siguen enredando, ya que durante el gobierno del presidente saliente lo acompañaron en sus iniciativas legislativas en el marco jurídico de la farsa de paz total y que hoy aspiran a la presidencia del Congreso. Nada raro que el petrismo y el uribismo terminen cogidos de la mano para saltar detrás de un tigre, puesto que así es el Congreso. Y que este nos traslada al mundo de la fábula que fue escrita por el griego Esopo (siglo VI a.C.). Posteriormente, el célebre fabulista francés Jean de La Fontaine (siglo XVII) y la inmortalizó en sus famosos textos. Félix María Samaniego (siglo XVIII) versificada por Lope de Vega.

 

“El Congreso de los Ratones”

Juntáronse los ratones,

Para librarse del gato,

Y de aquel continuo sobresalto

Que los tenía en las cumbres y rincones.

Después de mil opiniones,

y de un discurso largo,

El más cuerdo propuso, y dijo, en tanto:

«Atad al gato un cencerro;

Así sabremos todos por dónde anda.

Y huiremos al son de la tremenda banda».

Aprobóse el consejo,

Aplaudió la propuesta todo el Senado.

Mas al fin preguntó un ratón muy viejo:

«¿Y quién le pone el cascabel al gato?».

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Comentarios: 1
  • #1

    José (lunes, 20 julio 2026 09:40)

    Dr. Ese congreso es un show .no piensan si no en su partido político . Jajaj hasta ese momento les llegó el amor por colombia .